El Derecho al Silencio

El exceso de ruido que soportamos día a día, y peor aún, noche a noche nos hace añorar, muchas veces, el silencio. En la música, por ejemplo, el silencio es parte integral de su estructura. Los orientales valoran enormemente la correcta ubicación del silencio en el discurso musical, un requisito básico para la perfecta armonía y equilibrio entre sonidos y silencios. En la escritura musical occidental, cada valor de duración de tiempo de sonido, tiene su propio símbolo y a la vez su equivalente, que corresponde a la duración del silencio. Es así como existe, por ejemplo, un símbolo para la nota “blanca”, y otro distinto para “el silencio de blanca“.

sebastian liraLos maestros clásicos pedían “ que se escuchen los silencios “, indicando así como las pausas, los breves instantes de ausencia de sonido , debían hacerse presente para realizar aún más el dramatismo de una melodía. Un ejemplo de clara comprensión para el lector , es que aún sin saber música, comprende perfectamente y percibe, como el gran Beethoven, en los dos primeros compases de su Quinta Sinfonía en Do Menor OP.67  (Compuesta en 1808), luego de los cuatro golpes orquestales, llamados eufemísticamente los cuatro golpes del destino, el auditor capta un brevísimo silencio, de apenas unas décimas de segundos, pero que dan todo el dramatismo al comienzo de la obra; el famoso “ta,ta,ta,tan….” silencio. Para los entendidos, son dos compases en 2/4 , especificados por el gran Ludwig, como “allegro con brio”, (blanca=108), en la que aparece, un silencio de corchea, seguido de tres corcheas (sol,sol,sol) y luego en el segundo compás, Beethoven , escribe una nota blanca, en Si bemol, con un calderón sobre esta, produciéndose, un brevísimo, pero importante silencio, y su duración, queda al criterio del director de orquesta. Entre 1802 y 1804 compone la Tercera Sinfonía  en mi bemol Mayor, OP. 55 llamada “La Heroica”, y ya premonitoriamente, en el primer movimiento, también allegro con brio,( blanca con punto=60), tempo asignado por el gran genio de Bonn, se perciben los mismos cuatro golpes orquestales, en los compases 147 y 148 , la diferencia, es que este movimiento, está escrito en tiempo de 3/4, y el silencio es especificado con los símbolos de dos silencios de negra que completan el compás.

La definición de la Real Academia sobre el silencio es muy curiosa; dice simplemente que es “falta de ruido”, pero como ruido, para la misma Academia, es “sonido inarticulado, confuso, más o menos fuerte”.

No es raro que el diccionario ofrezca como ejemplo de silencios: “el de los bosques, del claustro, de la noche, o el de los cementerios”. Donde obviamente no hay ausencia de sonido, sino de aquellos inarticulados, confusos, fuertes y débiles.

Todos debiéramos tener derecho al silencio , a nuestro propio silencio enriquecedor en la búsqueda de uno mismo y de nuestros espacios y valores espirituales, pero no hay nada más atentatorio en contra del silencio y de nuestro derecho a discernir sobre cuando queremos buscarlo, que la música, esa música estridente, confusa y atronadora que entra por nuestras ventanas, que nos golpea en las veredas, entrechocándose con mil y otros ruidos igualmente dañinos para nuestra salud física, mental y espiritual.

Parece que la sociedad de consumo actúa entre nosotros con tal poder de penetración, que hay poseedores de radios, equipos de “alta fidelidad”, televisores y plasmas que encienden sus aparatos al máximo, como para imponer a todo el vecindario que ellos tienen estos símbolos de prosperidad materialista o de status, invadiendo de paso la intimidad y el “hábitat” de miles de otros seres humanos que no  pueden ejercer su legítimo derecho al silencio.

Esa es la razón principal, aparte de la contaminación del aire, que me trasladé hace un año, a vivir a la pintoresca y acogedora ciudad de El Monte, huyendo del otrora bello y silencioso, Santiago de Chile, que conocí de niño y donde nací. Melipillanos, Montinos y Talagantinos ¡disfruten , valoren y aprecien vuestro derecho al silencio!

Sebastián Lira C.     

Licenciado en Música.

El Monte

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